Honestidad Política
 

 

 

Podemos hablar de honestidad política por necesidad para desempeñar un cargo político. Ahora bien, no siempre dicha cualidad se puede presumir de tenerla, ni mucho menos de ser honesto en toda su dimensión a lo largo de toda una vida. Parece ser que algunos políticos olvidan el pasado y miran solamente hacia el futuro. No piensan que en el pasado no solamente vivían ellos, también compartían su existencia con el resto de habitantes de su entorno. Como no son conscientes de su pasado, muchos de ellos presumen por error, otros por costumbre... Eso no quiere decir que quien ha dejado de ser en algún momento honesto quizá lo haya dejado de ser inconscientemente, por una mala trayectoria de criterio. Quien cree a una persona por su posición, no tiene un criterio objetivo. La verdad no es otra que la que ha ocurrido; y bien sabemos que el punto de vista de cada parte siempre será diferente y por ello la versión también lo será.  ¿Cómo podemos saber la realidad ocurrida? Es muy difícil de saber, y mucho menos hay que adivinar. Tildar a alguien de algo que no ha hecho, es una injusticia muy grande. Malentendidos siempre habrá, por falta de claridad mental en muchos casos.

Parece ser que algunos políticos basan su vida en el poder. Hay muchas clases de poderes, por lo que no sería bueno caer en una base de querer tener un poder absoluto de su entorno inmediato, por ceñirnos en un ejemplo simple. ¿No sería mejor querer tener la administración del futuro? No todo el mundo sabe administrar. Quien crea que vale para tal función, sería bueno que lo utilizara para tal fin.

Honestidad y humildad tendrían que ir juntas en un mismo individuo. Porque tener honestidad sin humildad ¿qué clase de sujeto se puede ser? Avasallar a las personas no es un medio lícito de ejercer la profesión de político. Es más, avasallar como simple mortal resulta ya intolerable, mucho más lo sería ejerciendo un cargo público.

¿En qué país vivimos? ¿Somos libres realmente? Mejor no entrar en toda una polémica de gran dimensión, que quizá yo no esté preparada para ello. Sí me gustaría decir que cualquier persona, sea hombre o mujer, que se dedique a la política española, debería pensar muy profundamente en qué clase de ser es. Un político, además de ser honesto, y también humilde, debería ser imparcial y defender la verdad. Porque si se equivoca la dimensión de su error es mucho más difícil de enmendar.

Decir una opinión particular desempeñando la profesión no es un proceder óptimo de un político. Lamentablemente este proceder se produce muy frecuentemente.  Quizá porque no se tengan argumentos suficientes para salir adelante de cualquier situación conflictiva. La palabra de un político, hoy por hoy, no siempre es creíble. No es bueno querer ser profeta, siendo profano. El cuerpo humano tiene una resistencia física determinada y la mente también. Querer llegar más allá de lo posible, es querer conseguir lo imposible.

¿Cuántos políticos habría en la política si mirasen más en su interior cívico? Mejor ni pensarlo. El pueblo merece un respeto por parte de los políticos, porque son a quienes representan. Si es así su proceder, el pueblo responderá positivamente hacia los mismos.


Laura Climent

 



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